Contratás a un desarrollador para un trabajo puntual, o sumás a alguien al equipo que solo necesita subir archivos a una carpeta específica. La solución rápida (pasarle la contraseña principal del hosting) es también la más riesgosa, y casi siempre es innecesaria: existe una forma de dar acceso acotado exactamente a lo que esa persona necesita, sin exponer el resto de la cuenta.
Por qué compartir la cuenta principal es mala idea
La cuenta principal del hosting tiene acceso a todo: todos los sitios si hay varios dominios en la misma cuenta, todas las bases de datos, todas las casillas de correo, la configuración de seguridad, las copias de respaldo. Darle esa llave completa a alguien que solo necesita subir archivos a una carpeta es exponer muchísimo más de lo que la tarea requiere.
Y el riesgo es concreto, no teórico. Si esa persona usa una contraseña débil en su propia computadora, si su equipo se infecta, o si simplemente la relación de trabajo termina mal, la exposición no es "acceso a una carpeta": es acceso a toda la cuenta. El principio de seguridad detrás de esto es simple y muy conocido: cada quien debería tener acceso solo a lo que necesita para hacer su trabajo, ni un poco más.
La alternativa: una cuenta de FTP acotada
La mayoría de los paneles de hosting permiten crear cuentas de acceso adicionales, independientes de la principal, con su propio usuario y contraseña, y con el acceso limitado a una carpeta específica en lugar de la cuenta completa. Quien se conecta con esas credenciales ve únicamente esa carpeta y lo que hay adentro; no puede navegar hacia arriba ni ver el resto de los archivos de la cuenta.
Es la herramienta exacta para este problema: le da a la otra persona todo lo que necesita para hacer su trabajo, y nada más.
Cómo se crea, en términos generales
Desde la sección de accesos FTP del panel, se crea una cuenta nueva especificando un nombre de usuario, una contraseña, y la carpeta a la que va a tener acceso. La mayoría de los paneles permiten elegir cualquier carpeta dentro de la cuenta, no solo la raíz, así que se puede acotar el acceso a una carpeta bien específica del proyecto en el que esa persona va a trabajar.
Una vez creada, se comparten esas credenciales (usuario, contraseña y la dirección del servidor) con la persona que las va a usar, en lugar de compartir las credenciales de la cuenta principal.
Buenas prácticas al crear estos accesos
Una cuenta por persona, no una compartida entre varios. Si más de una persona necesita acceso, cada una con su propia cuenta. Así, si algo sale mal, se puede identificar de dónde vino y revocar el acceso de esa persona sin afectar al resto del equipo.
Contraseñas generadas, no reutilizadas. Cada cuenta con una contraseña propia y robusta, no una reciclada de otro servicio.
Revocar el acceso apenas termina la necesidad. Si el trabajo era puntual, borrar esa cuenta de acceso cuando se termina, en lugar de dejarla activa "por si acaso" indefinidamente. Una cuenta de acceso olvidada, activa durante años sin que nadie la recuerde, es exactamente el tipo de brecha que después nadie sabe explicar cómo se produjo.
Revisar periódicamente qué cuentas de acceso existen. Con el tiempo se acumulan accesos de proyectos viejos que ya nadie usa. Una revisión cada tanto (qué cuentas hay, para qué se crearon, si siguen haciendo falta) evita que se acumulen puertas abiertas sin que nadie lo note.
Cuándo sí tiene sentido dar acceso más amplio
Hay situaciones donde un acceso acotado no alcanza: alguien que administra el sitio completo de forma continua, por ejemplo, puede necesitar acceso al panel de control en general, no solo a una carpeta por FTP. En esos casos, muchos paneles permiten crear un acceso de administrador con permisos amplios pero seguir siendo una cuenta separada de la principal, lo que permite revocarla de forma independiente si hace falta, sin tener que cambiar la contraseña de la cuenta que administra todo lo demás.
La regla general se mantiene igual sea cual sea el nivel de acceso necesario: que cada persona tenga su propia cuenta, acotada a lo que realmente necesita, y que sea fácil de revocar sin afectar al resto de la infraestructura.
Una checklist corta antes de compartir cualquier acceso
Antes de mandar credenciales a alguien externo al proyecto, tres preguntas simples evitan la mayoría de los problemas: ¿esta persona necesita ver más de una carpeta? Si no, no se lo des. ¿Va a ser un trabajo puntual o algo permanente? Si es puntual, anotá en algún lado cuándo revisar si ya se puede borrar. ¿Existe ya una cuenta vieja de alguien que ya no trabaja en el proyecto? Si la respuesta es sí, ese es el momento de borrarla, no cuando alguien se acuerde por casualidad.
Estas tres preguntas llevan menos de un minuto y evitan buena parte de los accesos olvidados que después nadie sabe explicar cuando aparecen en una auditoría de seguridad.
Anotalas como un paso concreto del proceso de cierre de cada proyecto, no como algo que hay que tener presente. Una lista que solo existe en la memoria de alguien es lo primero que se salta el día que todos tienen apuro por entregar.